miércoles, 19 de marzo de 2014

Chasquidos y martillos.

Martes a las 3.25, llueve, pero desde mi pieza no se escucha, cada vez que la puerta se cierra, es como si me atrincherase en una fortaleza impenetrable, tal vez, quisiera que fuese así, o no lo sé. Tal vez quisiera salír a danzar desnuda bajo la lluvia, como las brujas del siglo XV, y limpiarme, purificarme, en cuerpo y alma, en mente, limpiar mi mente, si, tal vez debería hacerlo, como si fuese un acto macabro, en el que los gatos negros asoman por las medianeras, se divisa una amrilenta luna llena y los siberianos aullan dando la impresión a la presencia de lobos hambrientos, tal vez esta escena es normal, no lo sé, tal vez es un simple desvarío, una idea loca, una de esas tantas que martillan tantas veces en mis sienes, de esas que quieren escaparse en chasquidos fugaces.
Pienso, pienso que extraño escribir, extraño hablar, extraño hablarlo, hablarlo y confiar, extraño tantas cosas, pero estoy cerrada, cerrada a todas esas cosas que extraño, cerrada a cosas que deberia quedarme tranquila porque no van a volver. No, no van a volver. Por suerte. Afortunadamente no lo harán. Pero extraño todo eso que me hacía "ser así", extraño todos los buitres que moldearon mi ser, extraño todas las nubes negras que lo golpearon, extraño todos los palos que me hicieron como soy, los que me hacían parecer al claro de un bosque, lejano, profundo, pero divino, extraño eso, extraño agarrar un lapiz y un papel, y quedarme al desnudo con cada trazo, me extraño a mí, a mí. No extraño a los demás, no. Extraño lo que yo hacía, lo que era. Quiero volver a ser ese bosque, pero no sé, así estoy bien, estoy feliz, pero soy simplemente alguien más, alguien más para mi misma. Soy aburrida, me volví insípida.
No se, realmente no sé. Ene ste momento no sé nada.



(locura escrita el martes 4. de marzo)

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