jueves, 28 de noviembre de 2013

edipo en complejo

Y pensar...pensar que yo te amaba.
Pensar que te adoraba, te idolatraba.
Pensar que eras un dios, eras ejemplo,
te observaba, eras perfecto.
Vos me cuidabas, me salvabas,
si me asustaba, de tu mano me llevabas,
tus abrazos, esos abrazos que apretan
(porque aun lo hacen)
tus abrazos, esos abrazos que cuidan
que a otro mundo te llevan,
tus abrazos, de esos que protegen de todo
que protegen de todos los males,
que protegen de todos los demonios,
que protegen de todos los miedos,
que protegen del todos,
con abrazos, tus brazos me abrazaron.
Y tu sonrisa, tu sonrisa segura,
tu sonrisa tranquila,
tu sonrisa divina,
tu sonrisa impresionaba, tu sonrisa me impresionaba,
tu sonrisa me creaba la ilusion de un mundo mejor,
tu sonrisa me alegraba, así sin más.
Y tus ojos, tus ojos marrones,
esos ojos con los que me mirabas casi perfectamente,
esos ojos con los que me hacias sentir adorada,
esos ojos con los que yo me sentia admirada,
esos ojos me observaban,
me observaban al reir, me observaban al llorar.
Tus brazos, tus brazos me abrazaban, así sin más.

Y yo te amaba, yo te amaba tanto.

Pero crecí, como todos, como crecimos todos...
crecí, como crecen las flores,
crecí, florecí...
crecí y me volví un peso,
me volví ese peso que tuerce tu espalda,
me volví ese peso que te pesa con cada día,
con cada palabra, con cada mirada.
Y te doblaste, te doblaste ante el peso de los años,
te doblaste ante el peso vencedor de un ser sin paciencia,
te doblaste y te cansaste.
Te cansaste y de mi te hartaste...
ya no hay más llorar y abrazar,
ya no hay más llorar y escuchar
que pronto todo iba a pasar...
ya no hay más paciencia,
ni abrazos sinceros,

ya no hay más.


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