lunes, 10 de diciembre de 2012

La noche es joven, y aun estoy incompleta

Pienso que cuando vamos a comprar, y nos caemos, perdemos además de caramelos, inocencia, y nos lastimamos las rodillas, miramos al piso, miramos al costado, y atrás, buscamos que alguien nos de una mano, y nos levante, pero no hay nadie al lado nuestro, entonces, con las manos raspadas, nos levantamos, y nos volvemos enojados, tristes, y resentidos a casa, pensando. 
Esa marca que con el tiempo se fue atenuando en la piel...se fue haciendo más oscura, fria, y apesadumbrante respecto a nuestro ser. 
Con el tiempo, con los dias, los meses, los años, nos vamos volviendo más ariscos, mas asperos, mas severos con nosotros mismos, por el simple hecho de que nos caimos muchas veces, o muchas veces nos tiraron y nadie nos ayudo, nadie nos tendio esa mano tan ansiada.
Los 17 años se vinieron con rodillas lastimadas, moretones mágicos, y alegrias invisibles, la cabeza tiene muchas sorpresas, como un sexo frustrado, un amor de carton, y sonrisas de cotillon.
Los amigos se van desvaneciendo en noches de tristeza y angustia, con temas de LQR de fondo, la gente nueva se fue metiendo porque te vio sonreir de mas, y pretendio encontrar en vos alguna que otra salvacion o distraccion, cuando solo sos un manojo de nervios e incoherencias sumidas en tu propio mundo; tu cabeza.

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