martes, 20 de noviembre de 2012

La genialidad de G.Orwell

No era deseable que los trabajadores tuviesen sentimientos políticos intensos. Todo los que se le pedía era un patriotismo primitivo al que se recurriría en caso de necesidad para que trabajaran horas extraordinarias o aceptaran raciones mas pequeñas. E incluso cuando cundía en ellos el descontento, como sucedía a veces, era un descontento que no servia para nada, porque por carecer de ideas generales, concentraban su instinto de rebeldía en quejas sobre minucias de la vida corriente.

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