martes, 14 de junio de 2011

Seguir, pero sin retorno.

Yo entré con el. Lo seguí, temblando de miedo, y frío también, el lugar era horrendo, del marco de las puertas colgaban sucios y desgarabatados harapos, las ventanas, todas tapiadas, le daban a las habitaciones una impresión a ambientes de ultratumba, todo era una locura de donde se lo viera, escenarios reales, de macabras peliculas por doquier, habitaciones y rincones tal vez medio macabros, en los cuales quizá, tiempo atrás hubiese sucedido algo que no fuese parte de mi imaginación, sino actos de algún horrible e insensible ser.
A medio vestir, asustada, alterada, exsaltada, y todo lo que pudiera imaginarse, iba detrás de él, sin saber que esperaba, que me podría dar, decir, o revolear, era una duda. Una gran duda. Sus miradas frenéticas hacia mí, al pasar de una habitación a otra hacian de mí, un manojo de nervios, mi persona era solo un ser, asustado y espantado por un ente sin sentido, un ente imaginario, fruto de mi parapsicologia interna, la cual siempre jugaba en contra mía.
Un rulo se me desarmó al querer esconderme detrás de una cortina...la ventana cubierta, luchaba inutilmente contra los pequeños lazos de luz que se filtraban entre las maderas mal clavadas, a veces, chocando y reflejándose contra algún pedazo de espejo roto, nos entorpecian aún más, cegándonos tontamente. Haciendonos vulnerables a ese supuesto ente, o ser creado lastimosamente por mí, por mi mente enferma y maltrecha.
El olor a moho, humedad, y madera mojada, mezclado con olor a violetas, vaya a saber si era algo que imaginaba en mi cabeza, ya que en ese espacio muerto, no habia ningún signo vital, siquiera una planta que llamara la atención, causaba gran confusión en mí, hacía que mis nervios, mi alteración y toda sensación presente en mí, recorriera mi cuerpo, desde mis pies, hasta los dedos de mis manos, las cuales torpemente iban tanteando todo a mi paso, paredes, adornos, maderas, ventanas, mugre, puertas, hasta que en el tanteo de estas ultimas, pude percibir que una era diferente, por lo que con una mezcla de picardía, miedo, esperanza, y en parte desolación, decidí abrirla, entrar e intentar mirar, y mi vista, que lastimosamente no se adaptaba a la escasa luz, me impedia ver si los pasos de ese que hacía momentos iba delante mio, seguían marcandose en mi camino, o si al menos me rodeaban, pero no. Me había perdido. Estaba la habitación, la puerta por la que entré, la que gracias al poco y tonto tacto, percibí. Salir, no era siquiera un pensamiento, me aterraba la penumbra del exterior, me daba miedo, al no saber que había al otro lado de alguna de esas cuatro paredes. Ir por el(por vos), era atravezar todo eso, era pisar lo podrido, lo que en algún momento se desvanecería, era ir más allá de lo visible, lo conocido por mí.

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