martes, 13 de julio de 2010

Me la crucé por la calle, ella no miraba, llevaba la mirada perdida, iba pidiendo a gritos una señal, a gritos alguien que le mirara a los ojos, a gritos tan silenciosos que eran desgarradores, gritos que me herían desde antes de que me la cruzase. Parecía llamar a todo el mundo y no llamar a nadie, era una persona de esas que dice que la ciudad es su hogar, un alma en el vertedero urbano, un alma vacía, un alma melancólica.
Un alma que no siente, que no ve, que no padece, un alma que se cansó de gritar y ahora guarda silencio, un alma que llora, que sufre, que se hunde sola, que goza con esa tristeza, un alma llena y un alma vacía, un ser que nace, un ser que vive, a retazos y que muere por los rincones, por las esquina de ese cuadro, un alma que solitaria descubre la compañía, un alma que roba, que reta, que se vende, que quiere llegar a ti, a mí, un alma que se arroja al vacío, que teme, pero que se lanza, un alma que duda, ¿me doy?, ¿no me doy?, un alma risueña, que se ríe de nosotros, que cuenta chistes a Dios, que se ríe con Él, que aguarda, que se sincera, un alma con nada por hacer, con nada que perder, un alma sucia, que odia, que muerde, que siente rabia, que quiere despertar… y despertarte, un alma que besa, que te corroe las entrañas, capaz de conmoverte, de hacerte encontrar, y de hacer que te pierdas, de servirte en bandeja la vida y de hacerte prisionero, un alma que puede hacerte sentir único. Un alma que quiere volar, que sueña con ser libre desde una jaula de cristal con la puerta abierta, un alma extranjera, pero que en mi tierra es nativa, que paseando por los ríos de mis venas se siente como en casa, un alma que me tienta, que me pidió dejar de pensar, que al verme quiso mostrarme el universo, un alma que a veces descansa, que a veces se oculta en las sombras y no quiere dejarse ver. Un alma que de vez en cuando se va de fiesta, que no quiere oir, como los niños pequeños, que quiere tener un perro, una casa. Una vida que quiere ser violenta, salvaje, y vivir encadenada, pero con cadenas de infinito largo a tu corazón para no perderse en el oscuro laberinto en el que tú todavía te hayas. Un alma que se obliga sin saber porqué, un alma que no quiere abandonar el barco aunque se esté hundiendo. Un alma a la que le queda un poco de vida, y va a echar el resto para que todos cambiemos, un alma que es frontera sin vista alla, que te deja pasar tan sólo con que pidas permiso. Un alma al revés, un alma cabeza abajo, que te quiere, que se quiere, que lucha por el aire, por el sol y por el agua, con el amor por bandera, y que ha descubierto que el mundo es suyo, suyo y de nadie más.
Un día me la cruce por la calle, y me quedé en silencio descubriendo qien era esa alma.

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